No puedo ocultar mi preocupación por la suerte de mi ciudad una vez se den los resultados de los comicios electorales del 30 de Octubre de 2011, y no, como en otras ocasiones, por la reputación moral o antecedentes de los candidatos, por el contrario estoy convencido de la honestidad de la mayoría de los aspirantes a administrar y coadministrar la ciudad y del anhelo y las ganas de cada uno de ellos por contribuir a una mejor Cartagena, aporvechando los espacios democráticos e institucionales.
Mi preocupación radica, precisamente, en que la efervescencia democrática sea inútil en el proceso de decantar las propuestas públicas más sensatas, necesarias para la ciudad y los candidatos idóneos hoy por hoy para ostentar el título de gobernantes de una ciudad tan importante como la ciudad heróica.
Es decir, para resumir, mi planteamiento plasmado en estas líneas, es el de que no solo los anhelos y ganas de ser activo por la ciudad bastan.
Se le hace un gran apoyo a la misma si desde la orilla de los electores nos detenemos a estudiar las hojas de vida y además de escoger a los más honestos no escogemos a los menos idóneos, a los menos expertos en el manejo de la cosa pública. No pretendo a que se elijan a los mismos elefantes de otrora elecciones, lo que deseo como hijo de las entrañas del corralito de piedra, es que se elijan administradores de lujo.
Se le hace un gran apoyo a la misma si desde la orilla de los electores nos detenemos a estudiar las hojas de vida y además de escoger a los más honestos no escogemos a los menos idóneos, a los menos expertos en el manejo de la cosa pública. No pretendo a que se elijan a los mismos elefantes de otrora elecciones, lo que deseo como hijo de las entrañas del corralito de piedra, es que se elijan administradores de lujo.
Lo reconozco, me causa repugnancia slogans simplistas y trillados que hacen referencia a lo nuevo, a lo distinto, cuando eso nuevo y eso distinto, precisamente por falta de preparación y talante político es fácil presa de lo enquistado.
Más bien en política soy partidario de lo que nos inculcaron los abuelos “zapatero a tus zapatos,” claro valorando tan bello oficio.
Más bien en política soy partidario de lo que nos inculcaron los abuelos “zapatero a tus zapatos,” claro valorando tan bello oficio.
Bien se dice, en Estudios Políticos, “la democracia es un invento en proceso de ajuste” y ese ajuste a mi humilde criterio personal lo patentiza la educación, no solo del gobernante sino la del gobernado.
Cartagena es el verdadero Reto.

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