Hace tiempo, desde que resido en Bogotá en 1.996, no escucho a los castizos hombres de la calle que se dedican a anunciar sus productos o servicios con pregones característicos.
Efectivamente era muy común hace muy poco tiempo en la heroica, y todavía aún, oír a reconocidos personajes de la ciudad, a distancias considerables, pregonar de forma peculiar.
El secreto del asunto no era gritar de forma disonante, sino por el contrario, el éxito del pregonero en la ciudad de Heredia estaba en lo innovador de su pregón, en el repertorio que usaba dependiendo de la clientela del momento y a veces hasta en el ritmo que le imprimían según el factor meteorológico.
Los pregoneros aunque no parezca han caracterizado también a la ciudad heroica, sin ir tan lejos la forma de los mismos dieron éxito a ciertas palenqueras (caseras) sobre otras, afianzaron a ciertos vendedores en barrios específicos de la ciudad, verbigracia el pregón característico de Luis Mármol, mejor conocido como “el griego”, en el tradicional barrio Pie de la Popa y Pie del Cerro, o que decir al “gavilán” reconocido vendedor de paletas en el barrio manga, concretamente en el sector cercano al colegio eucarístico.
En fin muchos de ellos hicieron del pregón todo un arte, que inclusive además de cumplir su cometido, llevaba algo intangible en esos instantes en nuestras vidas, identidad. Sentíamos que ese personaje nos pertenecía, que era parte de la barriada, lo esperábamos pues su llegada marcaba el fin de la tarde, hasta el punto que nuestros padres nos ponían como limite el momento en que nos comiéramos la paleta, la griega o la alegría con coco y anís que adquiríamos a la llegada de aquel pregonero o palenquera para entrarnos a hacer las tareas del día, o llegaba a su fin un interesante partido de béisbol o fútbol cuando se escuchaba mas cerca el pregón.
En fin eso caracterizó una bella época de mi generación en Cartagena, lamentablemente ahora la modernidad en la publicidad, que no solo conlleva lo sonoro sino lo visual, han opacado a esos personajes que nos ayudaron a crecer al son de esos hermosos pregones.
JUAN CARLOS PEREIRA HERRERA
Juancapere@hotmail.com

Me encantò. A pesar de que soy mucho mayor que tu, tambièn recordè mis dias de infancia y juventud. En el centro habia un pregonero, cuyo nombre no recuerdo, que iba en un burrito vendiendo frutas y las anunciaba con una canciòn y mencionaba para que eran buenas. Hermosos tiempos. Y que decir de los locos: Peyeye, Arturo y la Carioca, ojalà investigaras sobre ellos y nos deleitaras con una buena crònica. Felicitaciones.
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